Archive for June, 2008

luz

Posted in Uncategorized on June 29, 2008 by Ignacia Marsó

hoy quisiera que de mis dedos salieran palabras felices,
frases sonrientes, versos de día.

pero mis manos parecen no atreverse a lo que nunca han hecho,
a tomar el lápiz y escribir desde la luz que me ilumina por dentro.

será talvez que no es el momento de dibujar versos,
sino de sentarme bajo la tranquila sombra de la ceiba
y recordarte como un olor que aún abunda en mí.

sin título

Posted in Uncategorized on June 29, 2008 by Ignacia Marsó

me pregunto cómo sería,
vivir la vida en otros zapatos.
unos que no se tropiecen tanto,
que no se embarrialen a diario
ni se hundan en el charco.

y no vale de nada
preguntarse lo imposible
creer que uno puede
romper con el destino,
cambiar el orden,
romper el hilo.

no estabas ahí

Posted in Uncategorized on June 29, 2008 by Ignacia Marsó

no estabas ahí cuando desperté,
cuando del techo azul llovieron lirios,
cuando el viento abrió las puertas
y entre los naranjales se alzó la esperanza.

cuando tomé mis cosas y huí…
vos ya no estabas ahí.

ellas

Posted in Uncategorized on June 16, 2008 by Ignacia Marsó

el cansancio físico no es casualidad,
hace días que no llego a casa.
mi cama es la única
capaz de hacerme conciliar el sueño.
en las demás naufrago, me sumergo
pero nunca duermo.

prefiero verlas soñar a ellas
mientras la luz tenue entra por la cortina.
las veo tendidas, rendidas
en el vasto espacio de mi delirio.

la vieja máquina

Posted in Uncategorized on June 4, 2008 by Ignacia Marsó

hace años, debajo de la cama de mi hermano,
había una máquina de escribir.
yo la sacaba de vez en cuando de su cajita de metal,
y soñaba a expresarme mediante la palabra,
aunque no supiera aún escribir.

anhelaba que con el golpe a la tecla
mi alma expulsara el dolor
y que en el papel quedara plasmado,
de negro, o algunas veces de rojo,
todo el odio y la tristeza de ese día,
o del día anterior.

debajo de la cama de mi hermano
quedaron tantas hojas con letras repetidas
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
ffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffff
que no decían nada, que lo decían todo.

hoy esas hojas no existen más que en mi memoria,
la reliquia de máquina de escribir se regaló
con la compra de la primera computadora familiar.
en mi quedan los sentimientos que no fui capaz de trazar
por más duro que golpeaba cada tecla,
por más lágrimas que corrían la tinta de su lugar.