hace años, debajo de la cama de mi hermano,
había una máquina de escribir.
yo la sacaba de vez en cuando de su cajita de metal,
y soñaba a expresarme mediante la palabra,
aunque no supiera aún escribir.
anhelaba que con el golpe a la tecla
mi alma expulsara el dolor
y que en el papel quedara plasmado,
de negro, o algunas veces de rojo,
todo el odio y la tristeza de ese día,
o del día anterior.
debajo de la cama de mi hermano
quedaron tantas hojas con letras repetidas
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
ffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffff
que no decían nada, que lo decían todo.
hoy esas hojas no existen más que en mi memoria,
la reliquia de máquina de escribir se regaló
con la compra de la primera computadora familiar.
en mi quedan los sentimientos que no fui capaz de trazar
por más duro que golpeaba cada tecla,
por más lágrimas que corrían la tinta de su lugar.